Por Facundo Díaz

La ley 11.723 de Régimen Legal de la Propiedad Intelectual condenó a otro hombre a la eterna merma de la imaginación. Adueñarse del dolor solo sirve para ganar dinero. Esta ley, como tantas otras, preserva el poder y la codicia, y castiga el intento que hacemos algunos por seguir soportando la existencia. Me pregunto qué corno sabrán de literatura los hombrecitos de saco y corbata que se sientan en la silla de juez; qué peligroso se torna el mundo cuando nuestro mismo orden nos desordena. Un economista no entiende porqué gastar dinero en reparaciones sociales y un cientista social no concibe la importancia del dólar. Un abogado no entiende de imaginación, de arte, de literatura, de innovación, de necesidad. Un escritor, al contrario, no puede vivir sin ello. Estamos perdidos. (más…)

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Por Guillermo Kozlowski

1.La autora, la novia, la madre

En estos tiempos que corren, los tiempos del capital al poder y el pueblo al deber, la triada “autora, novia, madre” es como una brochette. Las tres van juntas, atravesadas por un mismo pinche y cocidas al mismo fuego. El capitalismo es una cosmovisión consolidada en el siglo XX y posiblemente lo siga siendo durante el XXI. En y por él se ha establecido una forma de construcción, entendimiento y relación con todo. Desde un libro, hasta una carta de amor. Lo mismo con las relaciones entre las personas. Desde una novia, hasta una madre. (más…)

Por Irina Arias Montes

A la sombra de un ombú, en la pampa de Buenos Aires,  lo tenían acorralado a él y a otros tres. De espaldas, rodeaban la circunferencia del tronco; aunque no podían verse las caras entre ellos, observaban la expresión de furia y placer de aquellos indios, que eran alrededor de diez, quizás once. Los indios estaban por fuera de la sombra, pero no sufrían el rayo del sol, ya llegaba la época de sequía y habiendo pasado todo el verano moviendo los toldos de un lado a otro, aquel calor más tenue les propinaba el disfrute de una merecida recompensa. (más…)

Por Vittorio Hugo Petri

 

Al pie de un robusto árbol, al norte de Argentina, un hombre contemplaba el rápido discurrir del agua a 20 centímetros de sus pies; las manos apoyadas sobre la corteza, despojado de sus prendas y marcado innumerables veces en su espalda. El caballo en el que viajaba ya había sido fusilado y ahora le esperaba su turno, dos soldados rasos del ejército unitario, bajo las órdenes de un sargento que, en la vida civil, debió haber sido agente de la ley, le apuntaban con sus fusiles a la cabeza. No lejos de ellos, estaba un oficial del ejército con las divisas de su graduación; era un capitán. A cada lado del camino desierto un vigía presentaba armas, con el cañón del fusil por delante del hombro izquierdo y la culata apoyada en el antebrazo cruzado transversalmente sobre el pecho, postura forzada que obliga al cuerpo a permanecer erguido. A estos dos hombres no les interesaba lo que sucedía río abajo. Se limitaban a bloquear los lados del camino. (más…)

Por Camila Bulgach

 

Salto de calle a calle, sin gravedad. No siento el peso. Un perro me ve. ¿Sabrá lo que tramo? Nadie más me ve. Soy invisible y floto por las calles. Como flota la mirada de ella. Los labios suaves, como en cámara lenta. La barba que pincha de él. Su sonrisa. Cómo me hace reír. Me siento feliz en sus compañías. ¿Sabrán lo que tramo? Si salto ahora me verá el perro. ¿Me verá algún niño que ande justo donde caiga? No tienen por qué pagar los platos rotos de los mayores, ya demasiado violenta es la vida. El niño, viéndome desplomada, atónito, con los ojos bien abiertos.

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Por Ricardo Hogan

I

Nunca como esa noche había contemplado la inmensidad del cielo riojano durante tanto tiempo, su actividad no podía ser otra. Vicente Peñalba, acostado boca arriba sobre la tierra del llano, las extremidades atadas a cuatro estacas. El soldado que debía vigilarlo roncaba apoyado en unas piedras; unos cuantos metros en dirección al arroyo, el grueso de la cuadrilla porteña gritaba y se entretenía al ritmo de las llamas del fogón y al calor de la ginebra. Apenas al margen de tanta algarabía y en la orilla misma del arroyo, el coronel, al mando de la pequeña tropa, escurría su mirada en el agua; la mano izquierda apretando la empuñadura del sable envainado, la mano derecha sosteniendo el mentón y su mente decidiendo quién sabe, tal vez, qué clase de ejecución tendría el cautivo. (más…)

 Por Irina Arias Montes

Emocionados con el nuevo proyecto fueron a buscar información. Ya en el avión habían comenzado a escribir en un pequeño cuaderno anillado de tapa dura todos aquellos rumores que habían oído en su infancia, que aumentaron en su adolescencia y que ahora, en la adultez, los motivaban a hacer este recorrido. En la sorpresiva llegada a sus respectivas casas natales conversaron con sus familias, amigos y viejos vecinos que contribuyeron a la utilización del cuaderno de tapa dura. (más…)