Por Facundo Díaz

Al finalizar el conteo de los prisioneros, el señor presidente Bernardino Rivadavia que vestía de traje, no pudo dejar de notar, encadenado a sí mismo y contra la pared, a un changuito tan virgen como la patria que se revolcaba de quietud. Se acercó y le pregunto de dónde era, cuántos años tenía, su nombre. El niñito, con cara de niño y piel de tierra, no lo miró ni le respondió y el señor Rivadavia sintió algo de pena, aunque no lo hizo público. Solo en algún espejo invisible vemos nuestros más internos pensamientos. El coronel ordenó que fueran puestos en prisión, la falta de respeto era inaudita para este unitario que no podía concebir a estos guarangos interesados en destituir el orden de Buenos Aires.

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Por Guillermo Kozlowski

El viejo Choclo entro a la oficina sin tocar a la puerta. Llevaba una carpeta casera de cartón áspero y mal doblado, llena de folios. La abrió sobre el escritorio y esparció su contenido. Muchas fotos y un informe escrito a máquina dando cuenta de cómo, según sospechaban, sería el modus operandi. En segundo lugar, un panfleto que llamaba a huelga, en el que al dorso se leían, escritos a mano, los nombres de cincuenta y tres obreras. Dos no estaban en la lista: Estefanía Siemel y Emma Zunz.

Aaron, sin hablar, miró los pocos pelos que conservaba aquel viejo obrero, recorrió las arrugas que dibujaban una imborrable ausencia, incomprensión y ofuscamiento típico de las personas cuya única norma es el trabajo duro. Un hombre sin emociones evidentes, entre concentrado y autista, más que enajenado. Reconoció que su ex compañero y ahora empleado, estaba flaco. Las piernas que solo soportaban pasos tambaleantes, aunque jamás se permitirían la ayuda de un bastón, buscaban asiento constantemente. Con poco detenimiento recorrió la lista completa de nombres, como si fueran obvios, como si ya la hubiese visto; los conocía. Posó el dedo sobre la señorita Zunz.

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Por Guillermo Kozlowski

A mi hermana le regalaron lo que ella quería. Yo fui sumamente específico: quería la imitación del sable de San Martín que vendían en Elvira Hogar, por bizarro que suene eso al tratarse de una casa de electrodomésticos. Ella quería esa Barbie con camisita y zapatitos y peinecito y vestidito y la mar en coche. A mi hermana le dieron la muñeca inútil esa y al hijo menor le dieron un calzón. Simpática concepción de igualdad en la que se basaban los viejos. Macanudos.

No me quedaba otra alternativa, ellos fueron el factor determinante. Acción y reacción. La escena estaba lista y a mí me decían el torito. ¿Qué iba a hacer? Ella me sacó la lengua y yo le metí un cabezazo. Ellos me mandaron al cuarto y yo fui. No era tan revolucionario entonces, ya habría tiempo para invertir el statu quo. Soldado que huye sirve para otra guerra, y el tiempo era mi mayor aliado. Más tiempo encerrado en mi cuarto significaba más tiempo para desarrollar mi plan malvado. (más…)

Por Facundo Díaz

La ley 11.723 de Régimen Legal de la Propiedad Intelectual condenó a otro hombre a la eterna merma de la imaginación. Adueñarse del dolor solo sirve para ganar dinero. Esta ley, como tantas otras, preserva el poder y la codicia, y castiga el intento que hacemos algunos por seguir soportando la existencia. Me pregunto qué corno sabrán de literatura los hombrecitos de saco y corbata que se sientan en la silla de juez; qué peligroso se torna el mundo cuando nuestro mismo orden nos desordena. Un economista no entiende porqué gastar dinero en reparaciones sociales y un cientista social no concibe la importancia del dólar. Un abogado no entiende de imaginación, de arte, de literatura, de innovación, de necesidad. Un escritor, al contrario, no puede vivir sin ello. Estamos perdidos. (más…)

Por Guillermo Kozlowski

1.La autora, la novia, la madre

En estos tiempos que corren, los tiempos del capital al poder y el pueblo al deber, la triada “autora, novia, madre” es como una brochette. Las tres van juntas, atravesadas por un mismo pinche y cocidas al mismo fuego. El capitalismo es una cosmovisión consolidada en el siglo XX y posiblemente lo siga siendo durante el XXI. En y por él se ha establecido una forma de construcción, entendimiento y relación con todo. Desde un libro, hasta una carta de amor. Lo mismo con las relaciones entre las personas. Desde una novia, hasta una madre. (más…)

Por Irina Arias Montes

A la sombra de un ombú, en la pampa de Buenos Aires,  lo tenían acorralado a él y a otros tres. De espaldas, rodeaban la circunferencia del tronco; aunque no podían verse las caras entre ellos, observaban la expresión de furia y placer de aquellos indios, que eran alrededor de diez, quizás once. Los indios estaban por fuera de la sombra, pero no sufrían el rayo del sol, ya llegaba la época de sequía y habiendo pasado todo el verano moviendo los toldos de un lado a otro, aquel calor más tenue les propinaba el disfrute de una merecida recompensa. (más…)

Por Vittorio Hugo Petri

 

Al pie de un robusto árbol, al norte de Argentina, un hombre contemplaba el rápido discurrir del agua a 20 centímetros de sus pies; las manos apoyadas sobre la corteza, despojado de sus prendas y marcado innumerables veces en su espalda. El caballo en el que viajaba ya había sido fusilado y ahora le esperaba su turno, dos soldados rasos del ejército unitario, bajo las órdenes de un sargento que, en la vida civil, debió haber sido agente de la ley, le apuntaban con sus fusiles a la cabeza. No lejos de ellos, estaba un oficial del ejército con las divisas de su graduación; era un capitán. A cada lado del camino desierto un vigía presentaba armas, con el cañón del fusil por delante del hombro izquierdo y la culata apoyada en el antebrazo cruzado transversalmente sobre el pecho, postura forzada que obliga al cuerpo a permanecer erguido. A estos dos hombres no les interesaba lo que sucedía río abajo. Se limitaban a bloquear los lados del camino. (más…)