Por Irina Soto

Mirar alrededor a veces duele. Ver la realidad en la que estoy inmersa, la que me rodea y atraviesa. La que me hace reflexionar una y mil veces. La que me grita lo afortunada que soy y la que a veces me golpea, para que abra los ojos y vuelva a ver la vida de otra manera. Me crié, crecí y vivo en un barrio de clase baja, de esos que son calificados como “zona roja” en Argentina. Villegas es uno de esos tantos barrios que los ciudadanos quieren evitar a toda costa, porque es donde todos son delincuentes, vagos, adictos y pobres. Porque dentro de él está la villa Puerta de Hierro, y si entrás en un lugar así seguro salís sin nada, si es que salís. Porque a las personas que viven en estos lugares no les importa ni el estudio, ni el trabajo, ni progresar; les gusta vivir así… (más…)

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Por Ignacio Morales

 La historia transcurrió en Constitución, Ciudad de Buenos Aires. Me la contó uno de sus protagonistas hace un par de horas cuando, como cada viernes, me dirigí hacia el lugar donde él trabaja para pedirle de cenar una grande de mozzarella.

A eso de las 22 horas del 13 de agosto de 2014,  Blas Niz salía de su turno laboral de medio tiempo (un poco más temprano de lo normal) en la pizzería Ugi’s, situada a unos pocos metros de la Plaza Constitución. Se dirigía a su departamento ubicado a unas pocas cuadras de allí. En la esquina de Cochabamba y Santiago del Estero había, como es costumbre, una prostituta con poca ropa. Su seudónimo era Rebecca y su trabajo era ofrecer coito en un lugar no autorizado de la vía pública. (más…)

Por Eddie Agustín Murphy

Son las ocho de la mañana, todavía está oscuro. Un gélido invierno cubre la pequeña ciudad de Las Heras, Santa Cruz. En una casa del barrio Güemes, una pava metálica se enfría sobre la hornalla apagada. En la mesa de la cocina, reposa el mate junto a los bizcochitos de grasa. Alejandro se prepara para un nuevo día laboral, se cambia y escucha a los pájaros trinar desde su ventana, señal de que la nieve está por llegar. Se le escapa un insulto porque se imagina el frío y lo nevado que debe estar allá arriba, en el campo. Afuera suena una bocina, la camioneta lo espera frente a su casa para llevarlo a trabajar. Le toca ir a una locación nueva, a una hora y media de distancia. Comienza una semana con turnos de día. (más…)

Por Facundo Torres

 

El sol había caído ya cuando el hombre, semi-tendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. Luego de yacer inconsciente ante las altas temperaturas de verano, se repuso para lograr deducir qué rumbo le había otorgado el azar del océano durante su inconciencia. En el interior de la balsa seguían el par de remos de madera gruesa, su machete de caza y su arma reglamentaria, inutilizada por la humedad que había mojado la pólvora. Con las tripas resonantes del hambre, la puesta del ocaso fue de gran ayuda para refrescarse y recobrar el juicio junto con su destino. Hacía días que su travesía llevaba ese ritmo: divagando en altamar, en la eterna búsqueda de tierra firme, y de su hermano. (más…)

Por Eddie Agustín Murphy 

 

Sentado en un restaurante, mi sombrero en la mesa y el arma en su funda, terminaba de tomar la sopa y esperaba que el mozo no pasara de largo para poder pedirle la cuenta. Mientras, miraba a mi derecha, a mi izquierda, buscando algo que me distrajera o que me hiciera olvidar los pesos que iba a tener que sacar. No encontraba nada digno de mi atención. No había voces ni ruidos de cubiertos, me fastidiaba el ambiente aburrido del lugar, difícilmente encontrara algo divertido allí. La sopa calentaba mi pecho, la había tomado sin mesura; habría recibido un reto en la casa de mi infancia. Una casa de la que me había alejado por la guerra. (más…)

Por Agustina Dahbar

 

El hombre levantó la mirada y en seguida sintió el corte. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio a su viejo amigo, Roberto Molina, malherido en la cara y en el pecho que, físicamente débil pero furioso, se disponía a vengar la muerte de su hija definitivamente.

El hombre echó una veloz ojeada a su abdomen, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente y sacó, finalmente decidido a matar, su arma. Su antiguo amigo vio la amenaza e inútilmente, tendido en el suelo, intentó protegerse, cubriéndose la cabeza con su brazo derecho. Pero su destino estaba decidido, y el hombre disparó. (más…)

Por Eddie Agustín Murphy

 

El hombre vio como el hielo comenzaba a resquebrajarse y en seguida sintió los peces que llegaban a sus talones. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio un pez que, pegando saltos y coletazos, trataba con sus largos colmillos de llevarse algo de comida.

El hombre echó una veloz ojeada a los dedos casi congelados de su pie izquierdo, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó una flecha del carcaj de pieles de su espalda. El animal en unos de sus saltos vio la amenaza, y se sumergió en el agua helada pero poco tardó en salir a flote atravesado por la flecha de madera.

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