Por Alejandro Gamboa

 

Es usual que, al subir a un colectivo, una persona, sin necesidad de encontrar asiento, enseguida abra un libro, prenda su celular o suba el volumen de su mp3/iPod. No sorprendería a nadie que su actividad perdure a lo largo de todo el viaje y que dicha distracción llegue a hacerlo no darse cuenta que tenía que bajar en la parada anterior.

Si señalo esta situación no es porque me moleste particularmente o me parezca moralmente condenable, por el contrario, admiro a quien pueda complementar diferentes actividades de manera tal de enriquecer su tiempo de la forma que mejor le plazca. El hecho que a mi me mueve, y casi me incomoda, es mi dificultad para proceder de la misma forma. Y si digo esto es porque lo he intentado. Ya sea con mi banda favorita o con el texto que imprescindiblemente tendría que tener leído para el momento de llegar a destino, me cuesta prosperar. Siempre hay algo que me lleva a quitarme los auriculares, a dejar de leer, a alzar la vista: una sensación de estar perdiéndome algo. (más…)

Por Emiliano del Río

Expulsados por las escasas posibilidades de progresar en un país que se caía a pedazos, partimos a un viaje de exilio económico al Paraguay. La desigual apertura a la economía mundial de las políticas de los años 90 sumada a los subsidios a este tipo de productos en el sudeste asiático, afectó seriamente a algunos sectores como el de la industria plástica. Así, una modesta pero productiva fábrica de perfiles de PVC que era el sostén de nuestra familia se vio perjudicada de repente por productos importados que, terminados, eran de menor valor que la materia prima en bruto necesaria para hacer funcionar la empresa familiar. Lejos de ser un viaje turístico, en donde el fin es pasarla bien y disfrutar del tiempo libre, durante un periodo de tiempo limitado, los exilios destierran a las personas de su lugar de nacimiento y los empujan a emigrar con el fin de buscar una mejor calidad de vida. (más…)

Por Ana Guillermina Roca

Porque hoy en los tiempos de avances tecnológicos, científicos, políticos, nuestra incapacidad de entender otras culturas que optan por lo distinto sigue intacta. Porque siempre nos medimos como seres humanos por el que tiene más, mejor y más lindo, por el que viaja mucho y no por el que conoce y aprecia; por el que acumula y no por el que atesora.

 Sin embargo, existen aún lugares donde se vive al ritmo de la naturaleza, donde el sol es el reloj que marca si la jornada va a ser corta o larga, según la extensión de su brillo. (más…)

Por Romina Miguez

¿Cómo podía hacer? ¿Entraba directamente, golpeaba primero, o le hacía una seña?

El contraste del día luminoso con la oscuridad atravesada por haces de luz violeta que provenía de aquella santería no era muy alentador. Sin embargo, levanté el mentón, respiré hondo – sin saber que iban a pasar horas hasta poder refrescarme con oxígeno nuevamente- y… mi rapto de gallardía fue bruscamente interceptado por el ferretero del negocio lindero. Era un hombre bastante desgastado, de mirada lasciva y dientes desparejos de un llamativo color maíz:

- Querés tirarte las cartas, ¿no? María ya no está más. Era mi novia, claro. Le vendió el fondo de comercio a una gorda que vas a ver que ni abre en horario. Entrá que te paso su teléfono. (más…)

Por Matías Mosquera

Pilar, once de la noche del sábado. Yo ya conocía el lugar, por eso no me fue difícil encontrarlo. Pero uno siempre tiene dudas sobre todo y necesita permanentes verificaciones. La importante cantidad de autos en el frente de la pizzería, fue el indicador que precisaba para constatar que no estaba en espacio y tiempo equivocados. Al entrar al local encontré lo que buscaba: un grupo de veinte jóvenes (número apenas mayor que la cantidad de carros) alrededor de una hilera de cinco mesas. Algunos me saludaron y otros miraron con dudas. Respondí el saludo a uno de ellos en especial, Cacury, quien en una hora estaría cumpliendo diecinueve años, razón por la cual estos jóvenes que merodeaban los veinte abriles, sus más cercanos amigos,se juntaban a cenar. La mayoría pertenecía al Country Olivos Golf; lugar de residencia del homenajeado. El resto, lo completaban los del Country Village Tenis & Golf. La presencia de compañeros del Colegio St. Catherine Moorlands en ambos bandos, explicaba la relación. (más…)

Por Malén Corrales

Estoy preparándome para ir por primera vez a la feria de los “bolis”; así todos la definen en el barrio y saben que son esas dos cuadras sobre la Perito Moreno, esquina Avenida Cruz. Son las once de la mañana de un sábado con cielo plomizo, que anuncia lluvia y frío. El colectivo 150 que sale de Lugano me llevó hasta ahí. La parada es justo frente al Club San Lorenzo de Almagro; desde ese punto se distingue el movimiento del lugar, es más me doy cuenta de que toda la gente, desde diferentes puntos, van hacia el mismo sitio. Las mujeres van con sus bolsos y changos vacíos, algunas van en familia, es decir, esposo e hijos incluidos. La mayoría de los concurrentes parecen ser también de la colectividad boliviana. (más…)

Por Paz Ibsen

Eran las nueve de la mañana y me encontraba en la puerta del Centro de orientación y gestión social del Ejército de salvación con Joselina, mi hermana. Tocamos timbre e inmediatamente nos atendió una señora de alrededor de cincuenta años, bastante petisa y excedida de peso. Llevaba puesto el uniforme del Ejército de salvación: un pantalón bordó y una camisa del mismo color con el escudo de la institución. Al vernos, dejó escapar una amplia sonrisa, nos saludó emocionadamente y luego abrazó a Joselina mientras le recordaba cuánto tiempo hacía que no pasaba a visitarlos. Luego, la señora me miró y entre risas dijo que era “la famosa Teresa” y se asombró del enorme parecido entre mi hermana y yo. Nos invitó a pasar mientras le preguntaba alegremente a Joselina cómo le iba en su nuevo trabajo. Atravesamos una sala pequeña repleta de sillas viejas, pero en buen estado, que se ordenaban contra las paredes cargadas de avisos y retratos, dejando un reducido espacio formando un camino desde la puerta de entrada hasta la oficina. Me explicaron que era la sala de espera, pero que como ésa era una ocasión especial, me recibirían en la cómoda oficina donde Teresa debía trabajar todos los días. (más…)

Por Ivanna Soto

Sábado 16:30 hs. Portón amarillo, bajo por la mitad. En el frente está inscripto en azul y negro con letras muy grandes: “Si tienes angustia, depresión, vicio, soledad: Jesucristo salva y sana.” Arriba del portón hay un toldo blanco donde también dice con letras verdes y negras: “Centro evangélico para el mundo. Ministerio “Amanecer con Cristo”. Un lugar para la familia”. Asomo la cabeza por debajo del portón y miro hacia adentro: el panorama presenta un largo y amplio salón lleno de sillas vacías y, al fondo, un escenario con adolescentes tocando instrumentos de música. Pruebo si la puerta se abre, y cede. Entro. (más…)

Por Martín Manrupe

Me bajé del colectivo y luego de caminar algunas cuadras por la avenida Vélez Sarsfield di con un cartel que indicaba la ubicación de la estación Buenos Aires. Transité una larga cuadra en la que había algunas fábricas y finalmente la encontré. Lejos estaba de parecerse a las grandes estaciones, gigantes con techos altos y siempre repletas de gente; ésta parecía ser una más, con la única distinción de que era la terminal del Belgrano Sur. Entré y saqué ida y vuelta a González Catán. el final del recorrido. Un guarda vestido con uniforme azul me pidió el boleto y lo agujereó. Luego pasé al andén donde ya me esperaba el tren listo para que lo abordara. (más…)

Por Belén Tenaglia

 Jueves 25 de Octubre de 2007. Son las 18 horas y el calor del día se ve en la expresión corporal de los transeúntes. Salgo de las estación Once y me encamino hacia la calle Corrientes por la avenida Pueyrredón. La multitud intenta arrastrarme. Soy una de las pocas que va en sentido contrario pues la mayoría de las personas se apresuran por llegar a tomar el tren o el colectivo luego de un día laboral y así alejarse de la capital porteña. No se percatan ni de la mayor incomodidad. No se inmutan ante un carterazo, un codazo ni ante los pisotones y golpes que se dan entre ellos. No interesa nada. Solo el regreso al hogar.

El aroma del cansancio, al atardecer, se huele en el aire mientras el calor de un día primaveral se mezcla con el de la gente en una ciudad que, a las 22.30 horas, se convierte en un desierto. (más…)

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